Respirar, un acto sencillo, automático, cotidiano y sin embargo esencial para estar vivo. Sí, respirar, en esto consiste la práctica del Mindfulness, en la conexión de manera consciente con la respiración a través de cada inhalación y cada exhalación, que tiene como recompensa un estado de calma y de serenidad muy agradables.
En esta sociedad “hiperconectada” en un mundo VUCA (vulnerable, incierto, complejo y ambiguo), rodeados de asfalto y del cemento en las ciudades, en donde el estrés y la ansiedad se han convertido en las dolencias más acusadas, cada vez se hace más necesario tomarse un tiempo de calidad para uno mismo, donde la Madre Naturaleza juega un papel fundamental.

Fusionar la práctica de Mindfulness en los entornos naturales, amplifica los beneficios en el estado de la salud en general. Conectar con los cinco sentidos, con los cinco elementos, con las estaciones, con las sensaciones, con las fragancias, con los sonidos, con los colores que nos regalan los árboles, las flores, el cielo, las nubes, el sol, la luna, las estrellas, el mar, la montaña, el viento, los pájaros, los animales.
Esta contemplación en la Madre Naturaleza, oxigena cada célula de nuestro organismo, cada neurona de nuestro cerebro. La ciencia demuestra una y otra vez los efectos beneficiosos de conectar con la Madre Naturaleza, donde la integración de experiencias Mindfulness constituyen un tesoro de valor incalculable para la salud global.

Por eso es recomendable que:
Te bañes en el verde una vez por semana.
Donde quiera que vayas allí estés, Mindfulness te conduce a la serenidad y la riqueza de estímulos que la naturaleza te aporta con el propósito de integrarlo en tu estilo de vida.
Abraces un árbol, el contacto con un tronco vivo recarga tu energía vital, diluye la tensión y la ansiedad, te ancla al momento presente, te enraíza a la tierra con sus raíces, te eleva al cielo con sus ramas y te nutre con la savia que lo recorre de relaciones duraderas y saludables.
Escuches el trino de los pájaros, es terapéutico, te lleva a la concentración, la confianza y el relax.
Camines sin rumbo, déjate llevar, déjate fluir en la Madre Naturaleza, es sabia y te guía.
Pares a respirar, está probado científicamente que las fitoncidas que desprende la naturaleza fortalece el sistema inmune y mejora tu estado anímico.
Escribas, al llegar a casa, inmortaliza este momento con un poema y, o una ilustración.
Te inspires con la Madre Naturaleza, disfruta de la belleza de su imperfección, donde nada está acabado y nada es para siempre. La Madre Naturaleza te muestra que el cambio forma parte de la vida.
Bebas una taza de té seguido a tu paseo por la naturaleza, también puedes hacerlo a diario con una infusión para hacer una pausa donde su olor, su color, su sabor nos devuelve a la Madre Tierra.
Regreses a tu esencia. Siente la profunda conexión universal de tu ser al fundirte con la naturaleza a través de la meditación Mindfulness. El universo eres tú.

“En la juventud eterna de la naturaleza, tu también puedes renovar la tuya.
Ve a la naturaleza en silencio, nada te hará daño.
Ir a las montañas es volver a casa”.

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